El análisis económico de España como herramienta de reflexión y debate ha alcanzado niveles de popularidad impensables en los inicios de la crisis. La producción de soluciones ideológicas varias se multiplica no sólo desde el ámbito político, sino también desde el ámbito empresarial y social. El transcurso del tiempo ha logrado al menos un consenso: la situación actual exige una reforma de carácter urgente, contundente y sustancial.

Uno de los blogs de economía española que mejor resumió hace escasas semanas las principales propuestas planteadas en el último informe del Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) -el think tank compuesto por el conjunto de empresas de gran volumen que aporta más de un tercio al PIB de España- fue éste precisamente. Aumentar el tamaño empresarial, seguir apostando por la internacionalización o aumentar la lucha contra el fraude laboral fueron algunas de las medidas aportadas por el CEC al efervescente panorama mediático nacional.

A la hora de elaborar informes y estudios económicos es necesario ser sumamente cuidadoso para no incurrir en contradicciones que deterioren la legitimidad del discurso subyacente. Resta rigor y credibilidad reivindicar la necesidad de aumentar el tamaño empresarial para mejorar la productividad nacional si al mismo tiempo defiendes incentivar la figura del emprendedor, elevándola a categoría de artífice de la recuperación.

Cuando una institución, consejo, asociación o lobby como es el CEC  plantea también la idoneidad de seguir apostando por la internacionalización de la empresa española -e incluye esta posibilidad entre las medidas que pueden generar 700.000 puestos de trabajo- a nadie puede parecerle opinable que ésta sea una propuesta razonable. Pero, ¿se refieren Ana Botín y Francisco González, presidentes respectivos de Banco Santander y BBVA y miembros a su vez del CEC, a aquellos procesos de internacionalización como los llevados a cabo por la banca española en el año 2007 y que sirvieron para diversificar la procedencia geográfica de sus beneficios empresariales al mismo tiempo que bloqueaban el crédito en España originando un millón de parados al año?

Ejercer con sentido crítico el análisis de un estudio o propuesta de carácter económico también requiere identificar el orden correcto de las secuencias causa-efecto. ¿Es el fraude laboral causa o consecuencia de la actual crisis económica en España? Toda aportación al debate se realiza desde las raíces ideológicas de cada organización. Si el CEC apunta a que hay que acelerar la economía del conocimiento -aumentando el ratio de I+D sobre el PIB- mejorar el nivel educativo de la población -incrementando la remuneración de los profesores en función de sus logros- o cumplir los objetivos del 20-20-20 -invirtiendo 18.000 millones de euros-, el CEC está desvelando un ideario político que un amplio sector de la sociedad no tendría inconveniente alguno en consensuar. Falta saber ahora en qué medida se ofrecerá como institución para contribuir a dicha materialización.