Al hilo de las últimas noticias aparecidas en la prensa española en torno a los presuntos casos de corrupción política, las precipitadas y nerviosas reacciones del repentinamente agitado panorama político español, constituyen, en algunos casos, auténticas obras cumbre del surrealismo más excepcional.

Entre ellas se encuentra, sin lugar dudas, la reflexión en clave de comentario personal compartido públicamente por Doña Esperanza Aguirre en su página de Facebook particular.

Las extravagantes e hilarantes ideas detectadas en el conjunto de su argumentación han motivado el siguiente análisis que se muestra a continuación:

Estimados amigos,

La corrupción política tiene indignados a todos los ciudadanos, pero sobre todo a nosotros, los políticos honrados.

(Primer párrafo. Apertura consistente en invertir los papeles. Coloca a los políticos en el lugar de las víctimas y a los ciudadanos en el lugar de… bueno, ya se verá.)

En mi caso, en cuanto he visto cosas que no me han gustado en mi partido he cesado a los responsables, aunque fueran consejeros, viceconsejeros… Aún recibiendo amenazas por su parte. La gente tiene razón para estar indignada.

(Segundo párrafo. Aparición de la prepotencia que tanto cuesta a veces dominar, sobre todo cuando uno ya está acostumbrado a ejercer la política de “El Padrino” con total naturalidad. Obsérvese que no dice que ha cesado a los responsables cuando han cometido irregularidades, sino “en cuanto he visto cosas que no me han gustado” (váyase usted a saber si lo que las leyes dicen y lo que le gusta a la señora doña Esperanza Aguirre suele coincidir o no). Aparición, también, de la heroína que es, al llevar a cabo sus gestas incluso bajo coacción. Y por último no podía faltar la modestia; puesto que la última frase no tiene conexión con la idea expuesta en la frase anterior, la finalidad solo consiste en manifestar de forma subliminal que hasta las heroínas como ella saben ponerse en el lugar de “la gente” vulgar que ostenta su malestar.

El caso Bárcenas no lo conozco pero debe investigarse con celeridad, caiga quien caiga. No puede dar la sensación de que unos políticos se tapan a otros. Se debe investigar a fondo este y cualquier otro caso que pudiera ser constitutivo de delito.

(Tercer párrafo: Evasión: no conoce el caso. Pero, oiga, ha de investigarse con celeridad. Porque, ¿qué consecuencias suelen derivarse en España por investigar? Por lo tanto “se debe investigar a fondo este caso”, y además “cualquier otro que pudiera ser constitutivo de delito”. Es decir, todos aquellos que se encuentren dentro del limbo del pretérito imperfecto del subjuntivo.)

Quizá debiera haber dentro de cada partido un órgano anticorrupción para que si se detecta algún tipo de enriquecimiento, que es lo que le preocupa a los ciudadanos, se investigue.

(Cuarto párrafo: Introducción de un mayor nivel de ambigüedad mediante el uso de la partícula de hipótesis “quizá”. Deslegitimación del poder judicial al querer instalar en los partidos órganos propios de anticorrupción (“los trapos sucios se lavan en casa”). Y es que lo que les preocupa a los malditos ciudadanos no es que sobre su cabeza tengan una de las mayores tasas de desempleo del mundo, no es que cada vez una mayor proporción de ellos entre a formar parte de bolsas de pobreza crecientes, no. Sino que se detecte un enriquecimiento político irregular. ¡Malditos envidiosos, en lugar de meter sus narices en sus propios asuntos!

La política es un servicio público y una actividad temporal. Para llegar a un cargo público se debe haber hecho algo más en la vida laboral, haber cotizado al menos. Tener una profesión a la que volver cuando la etapa en política se termine. Los políticos además de honrados, debemos parecerlo.

(Quinto párrafo. Devaluación de la política. Ahondamiento en el “dar pena” aduciendo que la política no es más que un servicio público, ese bien intangible que tantos esfuerzos le ha costado deteriorar. Y no sólo eso, también es una actividad temporal, es decir precaria, abominable, de perfil bajo. De hecho, tanto es así, que algunos hasta envían sus ahorrillos a cuentas de Suiza por lo que pueda pasar. “Para llegar a un cargo público se debe haber hecho algo más”, porque lo público y lo político no es una vocación personal, de servicio al interés general, sino un trampolín hacia una forma de vida de mayor calidad. Y el que no haya saltado antes por encima de los demás, que no espere luego que se le vaya a colocar en ningún bufete internacional. “Los políticos además de honrados, debemos parecerlo”. Ascenso definitivo a la cumbre del absurdo. Porque los que son honrados no deben parecerlo, sino que simplemente lo son. Solamente aquellos que no lo son, ocupan todos sus esfuerzos en convencernos de que lo son.

Le recomiendo, señora doña Esperanza Aguirre, incorporar a su próximo discurso la siguiente conclusión:

“Los políticos que no sean honrados, que no intenten parecerlo”

Un abrazo a todos.

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