“Cada antena emite una verdad distinta, pero todas son de la misma empresa”.  Esta afirmación está extraída de una viñeta de El Roto. La viñeta está publicada en el diario El País. Este diario pertenece a una de esas empresas en las que se emiten verdades diferentes. La emisión de distintas verdades es una condición indispensable para que exista lo que llamamos “democracia”. Para que la democracia sea útil es condición indispensable, pero no única, la libertad de opinión. Si no hay libertad de opinión estamos ante una dictadura. En las dictaduras solo hay una opinión válida. Para que haya más de una opinión válida tienen que emitirse distintas verdades. Cuando se emiten distintas verdades desde una misma y única empresa algo resulta sospechoso. Calificamos algo como sospechoso cuando no sabemos por qué resulta útil. Consideramos que algo es útil cuando satisface nuestras necesidades. La coincidencia de necesidades de unos y otros podría llamarse “armonía”. Lo contrario de la armonía es la divergencia. Desconcierta que lo divergente adopte la forma de verdades diferentes. Si aceptamos la existencia de distintas verdades,  el espacio de la mentira se reduce. Cuando el espacio de la mentira se reduce, la verdad, en singular, es discutible. Desde el preciso momento en que todo resulta discutible, ponerse de acuerdo en algo es mucho más difícil. No ponerse de acuerdo en algo impide la conformación de mayorías. Lo que perjudica a las mayorías beneficia a las minorías. Cuando las minorías disfrutan de niveles de bienestar superiores a las mayorías, las democracias o están manipuladas o no son útiles. Otra mentira como otra cualquiera.