A veces no es uno el que ve la película, sino la película la que te ve a ti y te convierte en una presa que va a ser devorada inexorablemente. “La vida de nadie» es una historia verdadera. La mentira es su leit motive, pero todo en ella es verdad. Aquel fascinante juego de contrastes que nos deparó El show de Truman salta por los aires en “La vida de nadie” y su protagonista-héroe ya no es un ser real a cuyo alrededor todo es una simulación; ahora es él la simulación y a su alrededor todo es real. Algo nuevo nos enseña esta cinta y es que la búsqueda perpetua de la realidad -ya sea un sueño, una gran mentira, algo auténtico, verdadero o ficticio- ha de ser justa y precisamente eso: piramidal y perpetua. O no ser nada.
«La vida de nadie», o la deuda perpetua con la realidad

Cinco autores clásicos cuyo pensamiento económico, filosófico y político sigue vigente