Lo decía el domingo anterior uno de los mejores articulistas de España; “fuera del hormiguero ya no hay salvación”.

El reciente escándalo del caso Snowden– reciente, tan sólo para la opinión pública– ha permitido corroborar que Google, Facebook o Whatsapp reinan en el hormiguero del siglo XXI.

No hay blog de economía en WordPress, smartphone de Apple o correo electrónico de Gmail que no acabe siendo sometido a la rigurosa inspección de las hormigas soldado de las agencias internacionales de inteligencia y seguridad.

Escriba usted tres veces en su blog el nombre «Bin Laden» y el control de su vida lo tendrá desde ese momento un tal Snowden.

El consenso sobre el poder revolucionario de las nuevas tecnologías de la información se alcanzó el día en que a un “freaky” le reventaron los neumáticos en una carretera secundaria.

Aquel tipo lo solucionó todo con una llamada desde su teléfono móvil.

Sin embargo, un programa informático detectó a través de su servicio GPS que circulaba por una carretera con una frecuencia de tráfico inferior a no sé qué parámetros.

Desde entonces es la identidad de todos la que está “pinchada”.