Hace aproximadamente un año, el 4 de noviembre de 2012, Robert Shiller -uno de los tres economistas recientemente galardonados con el Premio Nobel de Economía 2013– publicaba un artículo en el Huffington Post posicionándose claramente en contra de tomar cualquier tipo de medida excepcional frente al cataclismo económico originado tras el estallido de la crisis financiera mundial.

Argumentaba en aquel artículo Shiller que, pese a que no le cabía “ninguna duda de que dentro del sector financiero algunas personas cometieron fechorías” y desempeñaron sus funciones con avaricia y maldad, su postura personal era totalmente contraria a la de “encarcelar a un montón de financieros” o “cerrar instituciones financieras” como parte del paquete de medidas orientadas a erradicar los desequilibrios económicos generados a partir del anómalo funcionamiento del sistema financiero internacional.

Apenas un año después, el 14 de octubre de 2013, el señor Shiller, ya con el Premio Nobel de Economía 2013 en su “poder”, aparecía magnánimamente frente al escaparate mundial de los medios de comunicación para realizar otra, si cabe, aún más brillante declaración: “La crisis financiera reflejó los fallos e imperfecciones de nuestro sistema financiero. Estamos ya trabajando en corregir estos fallos, pero llevará décadas. Ha habido crisis financieras muchas veces a lo largo de la historia y hemos aprendido de ellas».

El flamante Nobel de Economía Shiller ofrecía de esta manera en su multitudinario y mediático discurso de celebración, el ingrediente secreto de la envenenada poción que, de acuerdo a su poderosa línea de pensamiento y opinión, debería restablecer todo orden y equilibrio en la deteriorada y maltrecha economía mundial; tiempo. Pero no un tiempo cualquiera, sino un tiempo medido en décadas y un tiempo mínimo, por lo tanto, de 20 ó 30 años.

Sin embargo, si uno analiza bien el fragmento en conjunto de su iluminada declaración (“Ha habido crisis financieras muchas veces a lo largo de la historia y hemos aprendido de ellas”), podrá ver cómo gracias al conocimiento acumulado por el señor Shiller y otros economistas del poder, el periodo que ahora se contempla para la corrección del sector es mucho menor que el que se hubiera necesitado de no haber contado con tal acumulación de saber; a saber, decalustros (50 años) o tal vez siglos.

‘La economía española se recuperará a partir del año 2063’. “No suena tan mal”, puede que ya esté pensando el director de algún medio de comunicación español.