Hay cosas realmente escandalosas. Inexplicables. Terribles. Y no solo en términos económicos, también en políticos, porque, ¿quién no sabe aún, a estas alturas todavía, que uno y otro concepto no constituyen sino una especie de trinidad o, mejor dicho, de santísima “binidad”?

Pero vayamos a lo escandaloso, que vendría a ser como decir: “perdámonos en cualquier lugar”. Y empecemos por las famosas declaraciones de ese hipotético dirigente socialista, quien con un tono patéticamente comercial ya indicara unos cuantos meses ha si la virtud estética de Pedro Sánchez debía ser tal o cual: “a ver quién es el guapo que dice “no”…”. Un guante que desde entonces ya ha pasado por los puños de unos cuantos dirigentes del Partido Popular.

Siempre lo hacen por el bien de España; que si España necesita un gobierno, que si cualquier otra posibilidad es la nada, que si, fíjese usted por dónde, un gobierno cualquiera no, pero un gobierno que sea el suyo, un gobierno injusto, probadamente corrupto e insolidario, sí, porque, de lo contrario, solo cabe esperar elecciones el mismísimo día de Navidad… ¡Oh, crueldad insoportable!

En definitiva, si lo que quiere uno es darse cuenta de que todo lo han hecho siempre por el  bien de España no hay más que fijarse en cómo por su eterno amor a los españoles incluso tuvieron a bien impedir -estableciendo tasas de acceso a la justicia prohibitivas- algo tan caótico y radical como la tutela judicial efectiva justo cuando mayor era la necesidad de su protección constitucional.

Pero siempre es por el bien de España, claro está, incluso si hay que ir contra el propio ordenamiento constitucional. La reforma laboral, aquella que introdujo en nuestro vetusto sistema económico un artefacto de última tecnología para fabricar despidos, también se hizo por el bien de España, reduciendo con suma eficiencia las indemnizaciones y condenando asimismo a la pobreza a miles de trabajadores jóvenes y sobradamente gilipollas. El reparto de sobres, las mentiras infinitas de María Dolores de Cospedal, la ocultación de la suciedad político-económica en sociedades de este tal, o este cual, paraíso fiscal, por supuesto, también se hizo por la patria nacional. Señoras y señores, pasen y vean cuán peligroso y tentador es querer gobernar, por el bien y la belleza de España, cómo no, otros cuatro desastrosos y míseros años más.

Crédito de la fotografía: Peter Scholz / Shutterstock.com