Hace unos años, con Pep Guardiola todavía como jugador blaugrana, se disputaba un partido de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, con un registro de 6 a 0 en el marcador sin ni tan siquiera haberse alcanzado el ecuador en el cronómetro del reloj.

Una vez finalizados los primeros 45 minutos del partido, el camarero de un elegante club en el que se visionaba la tragedia con total y absoluta perplejidad, analizando la penosa y humillante situación en la que se hallaba inmersa el equipo perdedor, concluyó que, considerando la cifra reflejada en el marcador, al Athletic no le quedaba ninguna otra mejor opción que la de “repartir patadas” hasta el mismísimo instante del pitido final.

El análisis que se propone a continuación pone en evidencia, con la misma crudeza que se manifestó en aquel partido de fútbol sin parangón, el elevado nivel de contraste existente en la evolución de las remuneraciones del PP y la de los asalariados del conjunto de la economía nacional.

No está de más por lo tanto recordar -añadiéndole con ello a este análisis un ingrediente más de verosimilitud adicional- que, tal y como incluso ya se ha reconocido abiertamente a nivel institucional, los años del periodo comprendido entre 2008 y 2011 no vendrían a ser más que los primeros 45 minutos de la crisis española del estado del bienestar.

Pasando a detallar los datos con más exactitud y claridad, los salarios del Partido Popular durante esta primera mitad del progresivo deterioro de la economía nacional ascendieron en el año 2011 hasta los 25,3 millones de euros –según los datos divulgados por el propio PP a raíz de su supuesto caso de  financiación ilegal-, acumulando, por consiguiente, un incremento total del 22,3% sobre los salarios registrados en aquel ejercicio inicial de 2008, esto es, 20,7 millones de euros.

Por el lado contrario, las cuantías de las remuneraciones de los asalariados de la economía española sumaron 508.620 millones de euros en el año 2011, contrayéndose, en este caso, un 5,4% respecto a los 537.643 millones consignados en el año 2008, según los datos de la Contabilidad Regional (INE).

El fútbol conceptual del Barcelona, con Pep Guardiola ejerciendo ya años más tarde la figura de entrenador, consistió en arrollar a su rival sin descanso, sin importar la cuantía de los goles acumulados en su marcador. Era un fútbol ambicioso, inexorable, inquebrantable en su voluntad de ejecutar hasta el pitido final la filosofía de su manual.

Paradójicamente, lo mismo podría decirse del Banco de España y la patronal empresarial, cuyas recomendaciones respecto a la moderación y la contracción salarial atormentan sin descanso a una sociedad que ¿acaso será su rival? 

Reside en la estética del fútbol, de la política o de la economía de una sociedad una belleza que, en lo más secreto de su corazón, esconde un siniestro resplandor.