Fotografía: martajulve.com

Imagina, lector de este blog de economía, que en el momento actual, los vasallos del cuarto poder hubiesen acordado pulsar de forma consensuada el botón que activase el siguiente lema esperanzador: “España sale por fin de la recesión”.

Imagina, por lo tanto, que tales siervos comenzaran en el momento actual, toda vez superados tantos años de crisis y dolor, a aportar débiles rastros y pistas desdibujadas sobre el envenenado camino de regreso a la recuperación.

Pongamos los cuatro siguientes ejemplos:

– Interpretar como un éxito un descenso porcentual del paro registrado en septiembre inferior al 1% (a calcular sobre una cifra de varios millones de parados).

– Dar cuenta positiva y extraordinariamente exagerada del nivel de inversión de capital extranjero en España en el primer semestre de 2013, sin que dicha inversión sea sustancialmente diferente a la observada en periodos recientes (de hecho, siendo inferior a la de los niveles registrados en 2011).

– Validar como un triunfo monumental una simple conversación de Obama con Rajoy, que éste último, en su desconocimiento del inglés, interpretó como un elogio sobre la economía de España, en lugar de la única posible interpretación que cabía realizar: “Hola, qué haces, qué frío que hace en San Petersburgo”.

– Difundir en primera plana, casi saliéndose de la pantalla del ordenador, una reciente mejora de la calificación del bono español, efectuada por parte de la misma agencia, Fitch, que contribuyó a desestabilizar la economía española en las primeras fases de la crisis financiera internacional.

Imagina, pues, lector de este blog, que a partir de la pulsación de un único botón en el que tan sólo estuviesen comprendidos los intereses de una parte minoritaria de la sociedad, ésta estuviese comenzando a suministrar las dosis que atenuaran los dolores crónicos de la parte mayoritaria de la sociedad.

Imagina, por lo tanto, que esta extraña forma de planificar la evolución de la economía española y mundial supeditara siempre los intereses del conjunto de la humanidad a los de unos pocos individuos obstinados en maximizar su capital y en perpetuar su privilegiado status social.

Imagina entonces que la especie humana fuese incapaz de diseñar un único botón, lo necesaria y suficientemente amplio como para que pudiese ser accionado por todas las personas del mundo, tanto por las de Nueva York, como por las de Barcelona, Cuenca, La Habana, Wellington o Dakar.

Imagina también que en el momento actual se estuviesen borrando los límites imaginarios que en España, sólo en España, impidieran a una buena parte de la sociedad acceder a los emplazamientos reservados y privados desde los que se pudiera pulsar a discreción el botón de cancelación de la recesión.

Imagina que la sociedad española, de tener que hacerlo así, maniatada por una fuerza minoritaria que operara desde los extramuros de la legalidad, contribuyese de esta manera a cavar al mismo tiempo un hoyo más profundo en el que depositar su democracia y una evolución justa y equilibrada de la economía mundial.

Imagina, por último, que los miembros de la sociedad española no lo hicieran, que no solo no pulsaran el maldito botón, sino que entraran en el mismísimo corazón de la sala oculta y vedada al resto de excluidos del desarrollo y la prosperidad, para destrozarlo y hacerlo añicos de tal modo que ya nadie lo pudiese reconstruir jamás.

Imagina que ninguna otra opción constituye la solución y que cualquier otra alternativa es soma convenientemente suministrado para que puedas soportar el dolor.