La evolución del desempleo en Estados Unidos desde el año 2004 y hasta el ejercicio 2013 ofrece una instantánea en cierto modo similar a la del paro registrado en España, aunque no por ello debe obviarse que existen concretas y más que notables disparidades.

Así, tal y como recalcábamos en uno de los anteriores artículos del blog, durante el periodo de pre-crisis económica (2004-2007), la evolución del paro en España se mantuvo estable – con una resistencia evidente a descender por debajo de los dos millones de desempleados-,  mientras que la de Estados Unidos, por el contrario, dibujó una suave corrección que motivó un descenso del desempleo superior a 1,5 millones de personas, circunstancia que se explicita en el extremo lateral del gráfico inicial.

Con la irrupción de una crisis económica de alcance mundial, los cerca de 6,8 millones de parados estadounidenses cifrados a diciembre de 2007 fueron aumentando hasta el punto de sobrepasar los 10 millones e incluso los 15 (máximo de 15.382.000 alcanzado en octubre de 2009), justo en la fase más intensa de la citada recesión internacional.

A partir de ese momento, y a diferencia de lo acontecido en España, el desempleo de EE.UU. inició una evolución descendente mantenida hasta la actualidad, siendo la cifra del paro en dicho país inferior a los 11 millones de desempleados en noviembre de 2013 (10.907.000).

Evolución Interanual Paro EEUU. 2005-2013

El segundo gráfico muestra la evolución interanual del paro a lo largo del periodo 2005-2013.

Tal y como se puede apreciar, durante el periodo 2005-2007, el desempleo norteamericano experimentó constantes decrementos interanuales, en línea con la realidad analizada en el gráfico anterior.

Por consiguiente, fue en septiembre de 2007 cuando comenzó un repunte del paro interanual que alcanzó su máximo apogeo en abril de 2009, momento en el que se cuantificaron más de 6 millones de parados en el mercado laboral, por contraste con las cifras de abril de 2008.

La similitud de las evoluciones interanuales del paro estadounidense y español fue, en este punto, milimétrica, ya que en España el cénit de la destrucción de empleo como consecuencia de la crisis económica fue alcanzado en idéntico timing.

No obstante, mientras en España el camino de regreso a la corrección iniciado en dicho mes de abril concluyó de forma anticipada en mayo de 2011 y comenzó un nuevo repunte del paro interanual, en Estados Unidos la ralentización en la destrucción de empleo se mantuvo constante hasta junio de 2010, para comenzar a registrar a partir de ahí contracciones del desempleo de carácter interanual.

Evolución Interanual Paro España. 2005-2013

Así, la peor fase de la crisis laboral estadounidense se consiguió cerrar en un periodo de tiempo inferior a tres años, mientras que en España la pesadilla de la recesión se dilató por un periodo temporal superior a los seis años, desde mayo de 2007 hasta octubre de 2013.

A pesar del tono descriptivo que suele caracterizar a este blog de economía, resulta inevitable no tratar de profundizar en las razones que han provocado esta acentuada divergencia temporal.

Muchas de ellas tienen que ver, a buen seguro, con aspectos políticos, en mayor medida que con aspectos económicos.

Analizando la historia reciente sabemos que, por ejemplo, Estados Unidos formó -prácticamente desde el minuto uno de la crisis- una nueva administración política -actualmente vigente, con Barack Obama al frente.

También sabemos que el país norteamericano, en lugar de vanagloriarse sobre su sistema financiero – epicentro mundial, hay que recordar, de la crisis financiera internacional- desarrolló un paquete de medidas fuertemente intervencionista que antepuso, al menos sobre el papel, los intereses colectivos a los de una parte minoritaria de la sociedad.

Corriendo el riesgo de concluir el análisis sin aportar más que una vaguedad, en opinión del equipo editorial del blog el principal factor diferencial existente entre Estados Unidos y España a la hora de afrontar sus respectivas crisis de desempleo nacional estuvo constituido básica y exclusivamente por algo tan sencillo como es la «capacidad de gestión».

Sirve de poco la clase política e incluso el sistema democrático, si ambas instituciones en conjunto, como instrumentos al servicio de los intereses globales de la sociedad, resultan incapaces de tomar decisiones contundentes, arriesgadas, valientes, independientes, y, por descontado, rápidas en el tiempo, en beneficio del conjunto social.