Artículo escrito por Francisco Rogelio López, profesor de Geografía e Historia

Hay una escena de la película Das Boot en la que el capitán del submarino le dice a uno de los novatos que esté tranquilo. “No pueden hundirnos porque ya lo estamos”.

Desde el inicio de la crisis en 2008, España decidió convertirse en un submarino. (Sí, parece increíble). En fin, que dejamos de navegar por la superficie para hundirnos en un entorno fosco, turbio y hostil. (De lo más chungo, vaya).

El periscopio del gobierno y de los grandes holdings de la comunicación informativa española e internacionales apenas dicen nada del “submarino clase España”. Es necesario escuchar a través del sónar para captar señales.

Según recuerdo hemos chocado un par de veces solo que no era contra el fondo sino contra diferentes escalones desde los que rebotar y coger impulso… El primero fue el del rescate bancario, el segundo, el de la deuda. Pero nada, el destino final es el abismo (véase microfilm).

El rumbo del “España” parece claro: consolidar los grandes negocios y atemorizar a las clases medias con la proletarización. “De millón de parados en millón de parados hasta la (siguiente) mayoría absoluta” es la brújula que lo guía.

En la película, los remaches del submarino empezaban a reventar a determinada presión. ¿Qué profundidades del PIB puede soportar el “clase España”? Una pregunta que es pura metaeconomía.