Si las últimas cifras armonizadas sobre la tasa de desempleo no dejaban precisamente a España en la mejor posición del escenario económico europeo y mundial, mucho menos lo hacen las últimas cifras publicadas en términos absolutos.

Siempre conforme a los registros de la Eurostat, el paro en España superó en noviembre de 2012 la barrera de los 6 millones de personas, barriendo con creces las cifras del segundo país europeo con más desempleo en términos absolutos, Francia, cuyos 3,1 millones de parados fueron escrupulosamente la mitad de los que se registraron en España.

Italia, próxima a los 2,9 millones de parados, fue el tercer país de la región europea con mayores cifras absolutas de desempleo, seguido por Alemania, que registró 2,3.

Lejos, muy lejos, quedaron las estadísticas de Eslovenia, Chipre, Luxemburgo, Malta o Islandia, cuyas cifras no rebasaron en ningún caso los niveles de las 100.000 personas desempleadas.

Claro, que al medir las poblaciones absolutas de estos últimos países también resulta que existe una gran distancia respecto a las de los países inicialmente mencionados.

Número Parados Zona Euro. EEUU. Japón

Por eso, si uno se fija en áreas económicas con una población superior, como las de la Unión Europea, la Zona Euro, Estados Unidos o Japón, las cifras, lógicamente, se incrementan significativamente; 26 millones, 18,8 millones, 12 y 2,7 respectivamente.

Resulta curioso entonces apreciar cómo las cifras de Japón, con una población que supera en casi tres veces la población española, tiene asimismo tres millones de parados menos que España.

O cómo España, cuya población tiene un peso de alrededor del 14% en el total de la población del conjunto de la Zona Euro, aporta, asimismo, un tercio de los parados existentes en el territorio de la Unión Monetaria.

También podría hacerse interesantes comparaciones con Estados Unidos, país que con una población superior a los 300 millones de personas -más de 6 veces la población española- tampoco multiplica excesivamente las cifras del paro en España.

Y así podríamos seguir, jugando con los números y observando sus relaciones en su máximo esplendor.

Si es que en ello hubiera algo de esplendor.