Según Wikipedia, el “ultimatum game”, o “juego del ultimátum” es un experimento económico por el cual dos jugadores interactúan en relación a un reparto de poder.

Uno de los dos jugadores debe realizar una sencilla propuesta de reparto de dinero, mientras que el otro jugador debe decidir si la acepta o no.

Si este último la acepta, la suma de dinero se reparte entre los dos.

Si la rechaza, ninguno de los dos recibe nada.

El juego del ultimátum es un experimento económico al que se juega sólo una vez, por lo que los roles de los jugadores nunca pueden ser intercambiados.

Según la teoría del equilibrio de Nash, si el jugador B (el que tiene la última palabra) recibe una mínima oferta de dinero en esta especie de “speed-dating” de la negociación, siempre encuentra una motivación para aceptar la proposición, ya que el beneficio obtenido así siempre es superior al derivado de rechazar la proposición (cero).

Esto hace suponer que el jugador A (el que plantea la propuesta de forma unilateral) siempre pone sobre la mesa repartos injustos desde el punto de vista de la solidaridad y la equidad.

Sin embargo, la realización actual de este experimento en sociedades desarrolladas indica que el jugador A suele plantear al jugador B un reparto equitativo del 50% y que las ofertas inferiores al 20% suelen ser rechazadas, aun implicando terminar con un resultado del 0%.

Esta supuesta contradicción a los fundamentos de las teorías económicas de la utilidad y del comportamiento racional, en cuanto a que algunos jugadores B acaban prefiriendo “la nada” a ofertas injustas pero superiores a 0, encuentra explicaciones en factores psicológicos y culturales, más allá de los puramente económicos.

De acuerdo a algunas de estas explicaciones, el arquetipo de los jugadores B obtiene un beneficio psicológico derivado de “castigar” a los jugadores A, mediante una venganza que restituye el daño moral ocasionado por una desequilibrada e injusta negociación.

Dicho de otra manera, el jugador B, mediante el uso de su poder, obliga al jugador A a que nunca pierda de vista el criterio de la equidad.

Un caso práctico para terminar.

Imagínese que el conjunto de la sociedad española representa el rol del jugador B y que sus políticos representan el rol del jugador A.

Contextualizando el reparto planteado por el jugador A teniendo en cuenta el actual panorama económico, social y cultural, ¿a qué comportamiento cree usted que se ajustaría la respuesta del jugador B?