Artículo escrito por David López Belanche (@LopezBelanche)

El tiempo tiene la costumbre de poner a cada uno en su lugar. No hace mucho, predicar en Europa con la posibilidad de una quita de deuda o con una reestructuración parecía ser patrimonio de izquierdistas radicales, peligrosos antisistema y de economistas incompetentes. Hablar de políticas expansionistas, reducción de impuestos y flujo de crédito era propio de ilusos. En España, todo aquel que se atrevía a sugerir que esta deriva de la deuda en el sur de Europa era inviable, rápidamente era tildado de ser amigo del “Coletas”, votante de Podemos y afín a la República Bolivariana de Venezuela. Ganó Syriza y todo ha cambiado.

Todo ha cambiado porque todo el mundo entiende que Grecia no puede más. Todo el mundo sabe que los recortes sólo han traido dolor y pobreza extrema. Varios Premios Nobel llevan años predicando en el desierto. Y los que no somos Premios Nobel, hemos tenido que bregar día a día con la ortodoxia radical del núcleo duro europeo, impregnada hasta la médula de los ciudadanos europeos por obra y gracia de los medios de difusión, la prensa y la televisión. El discurso oficial era “quien pide dinero, lo paga, aunque se muera de hambre”. Y todo el mundo lo asumía. Como en el famoso cómic Asterix, solamente “unos irreductibles expansionistas, sobrevivían al acoso de la Troika”.

Krugman hace tiempo que viene sosteniendo en su blog que Grecia no puede pagar toda su deuda y que una quita es inevitable. La cerrazón alemana sólo implica alargar la agonía en Europa. Para Stiglitz, el problema no es Grecia, es Europa. Yo me atrevo a decir que no es Europa, es Alemanía y sus políticas neocoloniales. Incluso el famoso “anarquista” Barack Obama sugiere que no se puede presionar más a Grecia y vincula el pago de la deuda al crecimiento, o lo que es lo mismo, que Grecia pague cuando su economía crezca. Sería el fin de los recortes y de la asfixia helena.

De momento, parece ser que la Troika tiene los días contados, y es que la jugada de Varoufakis, Ministro de Economía de Grecia, está siendo de libro. Ya tiene el apoyo de Francia, del Reino Unido y de Estados Unidos. Alemania está más sóla que nunca, y sabe que más pronto que tarde, tendrá que negociar una quita y, como pide Obama, vincular el pago al crecimiento.

Sin crecimiento económico no hay salida. Vaya, los que hace unos meses éramos peligrosos radicales ahora somos cuerdos analistas, y es que ahora sí, parece ser que el mundo ha recuperado la cordura. Yes, We Can.