La mayoría de la gente no conoce la diferencia entre un impuesto directo e indirecto. Y esto sucede porque no saben lo que es un impuesto directo o un impuesto indirecto. A continuación vamos a explicarlo y recordad que en nuestra sección de Conceptos Básicos de Economía podréis encontrar material didáctico como este, y otros muchos de carácter muy parecido, en abundancia.

Los impuestos directos, olvidándonos del enrevesado lenguaje jurídico al que estamos por desgracia acostumbrados y que no facilita en absoluto la comprensión, son aquellos que gravan concreta y directamente a alguien, bien sea una persona física o una persona jurídica. Supongamos por ejemplo el impuesto de la renta, el IRPF en su denominación española. Este es un impuesto directo porque grava la renta obtenida en concreto por alguien, pongamos por caso Juan López Pérez o Laura Martínez Sánchez.

Asimismo, el Impuesto de Sociedades es otro impuesto directo porque grava la obtención de renta de una empresa concreta, por ejemplo, Transportes Arrieta SL. Como se puede observar, los impuestos directos son soportados por alguien con nombre y apellidos, y esta particularidad hace, junto con la manera en la que haya sido diseñado el impuesto, que las características personales del sujeto hagan posible la modulación impositiva, aumentando o disminuyendo la intensidad de la carga -del tipo efectivo- finalmente soportada.

Ahora bien, los impuestos indirectos son, por el contrario, impuestos que no recaen de una manera concreta sobre alguien, es decir, están diseñados no para gravar a alguien en particular, sino para gravar a quien realice una determinada acción, pongamos por ejemplo, la acción de consumir bienes y servicios. En este caso, dicha acción está gravada por el Impuesto sobre el Valor Añadido, el IVA en su denominación española, y al tratarse de un impuesto indirecto no tiene en cuenta las características personales de quien realiza el consumo. Es por esta razón, que este tipo de impuestos no pueden ser modulados para graduar la intensidad de la carga impositiva que soporta cada sujeto, razón por la que son considerados de manera generalizada injustos.

Aclarada la principal diferencia entre un impuesto directo e indirecto, vamos a poner de relieve el porqué de la consideración anterior, esto es, que los impuestos indirectos presentan un componente de injusticia con respecto a los directos, mediante un ejemplo sencillo que esclarece qué es lo que sucede con la carga fiscal que soportan dos sujetos de características personales distintas, por ejemplo, distinto nivel de renta.

Para ello vamos a suponer que ambas personas, en la satisfacción de sus necesidades básicas, consumen bienes alimenticios, sanitarios, etc… por valor de 1.500 euros al año, razón por la cual ambos pagan 200 euros en concepto de IVA. Si suponemos, además, que una de las personas disfruta de una renta anual de 50.000 euros y la otra de 10.000, disponemos así de la información personal esencial para conocer qué carga fiscal soporta cada una de ellas. El 0,4% la primera y el 2% la segunda, o lo que es lo mismo, la segunda soporta cuatro veces la carga fiscal de la primera.

Por último, cabe destacar que en la actualidad existen fórmulas para asignar costes e impuestos indirectos de una manera proporcional. Así, en el consumo de medicamentos, algunas administraciones aplican copagos que varían en función de la renta del contribuyente que los adquiere. La implantación de la administración electrónica y el avance de las nuevas tecnologías debería ser un recurso a emplear para perfeccionar, nivelar y optimizar la obtención de ingresos tributarios.