La inflación es un concepto sencillo en economía que indica cuánto han variado los precios de un determinado conjunto de bienes y servicios a lo largo de un periodo de tiempo concreto. Imaginemos por ejemplo un solo bien, una barra de pan, cuantificado en la actualidad en una  1 unidad monetaria y que un año más tarde se sitúa en 1,05 unidades monetarias. Este bien habrá experimentado, en consecuencia, una inflación del 5%.

No obstante, cuando los medios de comunicación hablan de “inflación”, no lo hacen en relación a la evolución del precio de un solo bien, sino de un conjunto de ellos o de una cesta representativa de bienes y servicios de consumo. Al indicador que en España recoge dicha variación se le denomina Índice de Precios al Consumo -IPC-, aunque también suele emplearse el Índice de Precios de Consumo Armonizado -IPCA-, cuando el objetivo es comparar los datos de inflación en todos los países de la Unión Europea.

Conviene señalar, en cualquier caso, que la cesta de bienes de consumo cuya inflación se pretende medir en el tiempo no es estática. Es decir, no siempre integra el mismo conjunto de bienes y servicios. A título informativo, en el año 2016, los “alimentos y bebidas no alcohólicas”, alcanzaban una ponderación del 18,74% -la más alta de todos los grupos- en la cesta de bienes de consumo representativa. En segundo lugar, “transporte” ponderaba en un 15,6%, en tercero, vivienda -solamente de alquiler-, en un 12,51% y así sucesivamente.

Según se puede observar, los precios de algunos bienes y servicios comprendidos en la cesta de consumo pueden estar función de los precios, a su vez, de otros bienes y servicios distintos. Tal sería el caso por ejemplo de la inflación de los servicios vinculados al transporte, que están en relación directa con la inflación que experimentan los productos energéticos. Para evitar estas duplicidades o efectos solapados existe, en consecuencia, un indicador alternativo denominado “inflación subyacente”, que excluye de la cesta representativa de bienes de consumo los productos energéticos, así como los alimentos no elaborados.

Es importante señalar en este sentido que si, por el contrario, lo que quisiéramos medir fuese la variación experimentada por todos y absolutamente todos los bienes y servicios producidos en el conjunto de la economía, el indicador más exacto para extraer la inflación global vendría constituido por las variaciones del deflactor del PIB, otro de los conceptos de economía ya tratado con anterioridad en el blog.

Las teorías acerca de por qué se produce inflación son múltiples, si bien algunas de las más comúnmente aceptadas señalan que la principal causa de la misma reside en excesos de masa monetaria -dinero- emitida por los bancos centrales. Economistas clásicos como David Ricardo ya indicaron en su momento que la cantidad de dinero en circulación debía estar en una proporción adecuada a la cantidad de bienes y servicios existentes, de tal forma que un incremento innecesario de la cantidad de dinero en circulación provocaría tensiones inflacionistas y una reducción de la masa monetaria, por ejemplo, a través de emisiones masivas de deuda pública, provocaría el fenómeno contrario a la inflación -deflación-.