Tomando posiciones electoralistas aparece Pedro Sánchez diciendo que él puede prometer y promete. Que es de “centro” porque parafrasea a Adolfo Suárez, una idea fuerza totalmente innecesaria a estas alturas y que pocas personas calificarían ya de sorprendente, más que nada porque lo verdaderamente sorprendente sería que se autoproclamara de izquierdas.

Pero con esta escenificación el PSOE quiere dejar claro que renuncia a ocupar cualquier espacio ideológico enmarcado en la vanguardia, toda vez que el conjunto de fuerzas verdaderamente progresistas acaban de ultimar su propia coalición bajo la denominación de “Unidos Podemos”. Es duro, pero cierto: en política, nunca bailes al ritmo de cualquier otro son: estarás muerto. Totalmente acabado.

En cualquier caso, ahí está Pedro, con la orquesta perfectamente dispuesta por Susana Díaz, el micro en la mano y diciéndonos que puede prometer y promete. Por ejemplo, decencia y sentido común, conceptos tan universales y bien comprendidos por todo el mundo, que hasta su socio Albert Rivera, quien también dice estar siempre dispuesto a dejar la mano tendida tanto a derecha como a izquierda, recurre a ellos con frecuencia en sus discursos.

Sin embargo, en la práctica, Albert deja la mano tendida mucho más tiempo hacia la derecha que hacia la izquierda. Precisamente porque él considera que en la izquierda tienen la insana obsesión de querer “romper España”, razón por la que él, haciendo uso de su buen sentido común, intenta evitar todo resquebrajamiento del suelo que se halla bajo nuestros pies. Permítanme una pregunta inocente: ¿el escándalo de los papeles de Panamá rompe o no rompe España?

Y por último, medio escondido y agazapado, adivinan quién, ¿no? Podrán llover imputaciones, casos de corrupción, cajas B eméritas, objetos no identificados del cielo…, que Mariano Rajoy aguantará “perfectamente” el tirón. Ahora lo hace para recordarnos que en 2011 y 2012 estábamos peor. Otra pregunta, ¿estábamos peor o estaba él peor? De todos modos, resulta curiosa la forma de autoevaluar la gestión de su gobierno; si ahora existe una ligera percepción de que las cosas han mejorado estamos ante un «éxito». Al revés, si durante años la realidad se percibió como un completo desastre, el término “fracaso” no describe jamás su catastrófica gestión. El único que conserva la baza secreta de Rajoy es Dostoievski: “El hombre es un ser que se acostumbra a todo”.