Nadie podrá negar que no se haya tratado lo suficiente en este blog de economía el recurrente asunto de la morosidad financiera en España.

Si en su momento ya pusimos de relieve la desproporcionada relevancia que habían adquirido los créditos dudosos del sector inmobiliario en el conjunto de las entidades financieras españolas, en cierta ocasión adicional también reiteramos la escasa capacidad que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) encarnó en su pretendido objetivo de erradicar los activos tóxicos del sistema financiero español.

Ayer, el nuevo dato de la tasa de mora de las entidades bancarias de España ascendió hasta el 11,61%, marcando un nuevo récord y poniendo otra vez más en evidencia la dificultad que la economía española atraviesa para superar la verticalidad de la morosidad.

Calculada conforme al cociente entre los créditos dudosos y los créditos totales – lo recordamos una vez más-, la tasa de mora del sistema financiero español ha continuado progresando así  en su particular senda ascendente, movida por la suma del conjunto de los dos factores matemáticos que explican su verticalidad: la expansión de los créditos dudosos y la contracción del crédito en circulación.

Y es que la contracción del crédito vivo o en circulación ha alcanzado desde comienzos de 2012 una cifra superior a los 250.000 millones de euros, de tal manera que si en enero de 2012 la concesión de crédito se cifraba en 1,8 billones de euros, la cuantía existente en la actualidad se sitúa en 1,5 billones.

Súmese a ello que el crédito dudoso se ha incrementado en más de 32.000 millones de euros en el mismo periodo, de 144.000 millones a comienzos de 2012 a más de 176.000 millones, y no podrán encontrarse motivos, en la actualidad, para detectar un cambio de tendencia en las futuras cifras mensuales de morosidad.