En ciertas ocasiones se hace hincapié en la necesidad de impulsar la denominada “economía real”.

Esta observación implica, además de la existencia de una “economía virtual”, la total certeza y seguridad de que vivimos en una realidad irreal.

Cuando la economía virtual adquiere una inusitada proporción, la economía real acaba perdiendo grosor, acaba engullida en un complejo proceso de virtualización.

El presente se convierte entonces en futuro y lo que creemos que sucede hoy, en realidad no es más que una ficción.

Cuando los mercados anticipan una hipotética futura decisión, el rostro de la realidad envejece, acumula de golpe meses y meses.

La economía del futuro es la de hoy.