En su libro “El capital del siglo XXI”, Thomas Piketty hace un análisis, entre otras cosas, de la desigualdad económica en nuestra sociedad actual. En este artículo pretendo mostrar algunas de las magnitudes que él utiliza para su análisis.

Para analizar la desigualdad Piketty divide las sociedades en tres capas: “la clase popular”, definida como el 50% más bajo, “la clase media”, el 40 % del medio, y la “clase alta”, el 10 % más alto.

Además hace una distinción a la hora de medir la desigualdad, separando la desigualdad respecto al trabajo y la desigualdad respecto al capital. La primera se refiere a los ingresos por rendimientos de trabajo sin tener en cuenta los impuestos, y la segunda a la posesión de capital, que puede tomar la forma, aproximadamente, en un 50% de bienes inmobiliarios, y el resto en activos financieros, como carteras de acciones y obligaciones, depósitos bancarios y otros.

La primera conclusión a la que llega Piketty es que es mayor la desigualdad en cuanto a la posesión de capital que en cuanto al trabajo. Aún así esta última no es nada despreciable. Según sus datos, en Estados Unidos, en 2010, donde existe una desigualdad elevada, el 10% de los más ricos, la clase alta, tiene un 35% de los ingresos,  el 40% del medio, la clase media, un 40 %, y el 50 % de los más pobres, la clase popular, un 25%.

En números concretos esto significaría que para un salario promedio de 10.000 euros al mes, 7.000 euros sería para el 10% de arriba, 2.000 euros para el 40 % del medio y sólo 1.000 euros para el 50% de abajo.

La desigualdad de capital es aún más marcada. Al principio de la década de 2010, la participación del 10% de los patrimonios más elevados se sitúa en torno al 60% de la riqueza nacional en la mayoría de los países europeos. La mitad más pobre de población no posee casi nada: el 50 % de los más pobres poseen siempre menos del 10% de la riqueza nacional, y en general, menos del 5%.

En estas sociedades hay casos de personas en vías de acceso a la propiedad inmobiliaria pero que aún se encuentran muy endeudadas. También suele haber patrimonios nulos y en muchos casos negativos, donde las deudas superan los activos.

Sin embargo no todo es negativo con respecto a la desigualdad. El desarrollo de una verdadera “clase media patrimonial” en el siglo XX constituye una verdadera revolución económica. Hacia 1900-1910, en la Bella Época, tanto en Francia, como en Reino Unido o Suecia el 10% de los más ricos poseía alrededor del 90 % del patrimonio nacional. Estas diferencias han disminuido notablemente, como hemos visto anteriormente.

Los datos que se presentan en “el capital del siglo XXI” son muy interesantes y pueden llevar a múltiples conclusiones. Sin duda, una es positiva, y es la disminución de la desigualdad en posesión de capital, aunque sea tras un período de 100 años, donde además quizás se pueda observar una tendencia para los años posteriores.