“¿Es cosa mía o el mundo está cada día más loco?” Arthur, ciudadano de Gotham City, comparte esta reflexión con su psiquiatra. Es un hombre de mediana edad. Reside en un humilde y sombrío apartamento, junto con su madre dependiente. Pretende dedicarse a la comedia en vivo, aunque de momento trabaja para una compañía de servicios a través de la cual realiza actuaciones cómicas en centros comerciales y hospitales infantiles.

Es Arthur Fleck, una persona acorralada por la la falta de proyección laboral, el trato impersonal e ineficaz de los servicios sociales, la incomprensión familiar, la soledad y el egoísmo, que emanan de una ciudad donde la basura se apila en las aceras con motivo de la huelga del servicio de recogida.

Hasta que todo se precipita en su vida. Harto u orgulloso de no ser “más que un payaso”. Enojado y decepcionado con las estrellas, los referentes mediáticos y los falsos empresarios filántropos de la ciudad. Con razones sobradas y suficientes para convertirse en un héroe en lugar de un villano. Atrapado por la crueldad de las relaciones humanas y la impureza de la sociedad. Impotente ante la consciencia de sus propias limitaciones en un contexto de competitividad inexorable.

Desde el infierno hacia la búsqueda de la redención, Arthur deviene en Joker, al igual que Bruce lo hizo en Batman. Ambos estuvieron “arriba y abajo, enfrente y afuera”. Ambos cayeron de bruces y regresaron a la carrera, experimentando con dolor que, por curioso que parezca, “algunas personas disfrutan pisoteando los sueños” de los demás, tal y como indicaba Sinatra en “That’s life”.

En la oscura, aislada y decadente Gotham, Arthur trata de hacer sonreír a un niño en un autobús urbano. Contra todo pronóstico, su madre se violenta y termina reprochándole que “moleste” a su hijo. Sin encontrar el por qué racional de sus circunstancias, Arthur, en una interpretación magistral de Joaquín Phoenix que agujerea el estómago del espectador durante dos horas, acumula golpes y sentimientos  de dolor que, eventualmente, los recortes del Departamento de Sanidad y Servicios Sociales tampoco podrán ayudarle a mitigar. Simultáneamente, la comitiva privilegiada de la sociedad asiste con regularidad a sus funciones de ópera preferidas. La revolución está a punto de estallar.