Dentro de los productos financieros de ahorro, los fondos flexibles de inversión están ganando cada vez más relevancia en función de su capacidad para adaptarse exitosamente o no a los distintos tipos de mercados financieros. En este post vamos a explicar con la mayor sencillez posible en qué consiste un fondo flexible, no sin antes recordar qué es un fondo de inversión.

Un fondo de inversión es una suma de capitales invertidos en distintos valores y títulos financieros, de tal modo que si estos se revalorizan, también lo hace lógicamente el fondo de inversión. La clave de la rentabilidad de un fondo de inversión reside por lo tanto en la evolución de la rentabilidad de los valores en que esté invertido dicho fondo, pudiendo ser éstos de tres clases principales; fondos de renta fija, es decir, compuestos por valores tanto de deuda pública -pagarés, bonos, obligaciones- como privada que se encuentran enfocados a ofrecer más seguridad que rentabilidad, fondos de renta variable, es decir, fondos compuestos por títulos sometidos a cotización bursátil, como por ejemplo acciones de empresas del IBEX-35, de los que se puede esperar más rentabilidad (aunque su nivel de riesgo también es superior), y una tercera categoría de fondos flexibles, compuestos por una combinación de valores tanto de renta fija como variable, en los que el riesgo y la rentabilidad están en función del peso que cada uno de los distintos tipos de valores representa en el fondo.

Una vez conocidas las distintas tipologías de fondos comercializados por el conjunto de entidades bancarias, estamos en condiciones de preguntarnos la siguiente cuestión: ¿en cuál de los tres tipos de fondos existentes deberíamos invertir nuestros ahorros?La respuesta no es sencilla, pero el siguiente vídeo elaborado por Deutsche Bank puede simplificarla y aclararla bastante:

Por lo tanto, si establecemos un símil entre un fondo de inversión y un equipo de fútbol podemos concluir que un fondo de acciones sería algo parecido a un equipo que solo tiene jugadores delanteros, mientras que un fondo de obligaciones sólo tendría defensas. De este modo, un equipo lleno de atacantes -fondo de renta variable- podrá hacernos marcar muchos goles, pero también provocar que los recibamos del equipo contrario.

Igualmente, con un equipo repleto de defensas -fondo de renta fija- protegeremos y aseguraremos nuestro cancerbero (nuestra inversión, en términos financieros) pero también renunciaremos a marcar muchos goles (obtener elevada rentabilidad).

¿Y qué sucede con un fondo flexible? Pues que en este caso la alineación del equipo incluye una combinación tanto de atacantes (acciones) como de defensas (obligaciones), cuyo objetivo consiste en optimizar la destreza conjunta en el terreno de juego -el mercado-. Por consiguiente, un fondo flexible se caracteriza por la diversificación, sí, pero también por la flexibilidad, tal y como el espacio de información y consejos financieros ofrecido por Deutsche Bank nos indica aquí de manera tan didáctica, recordándonos al mismo tiempo que todo fondo de inversión ha de dirigirlo idealmente un experimentado entrenador –gestor– al objeto de garantizar el mejor equipo de jugadores –valores– posible.