Artículo escrito Por David López Belanche, profesional de las Finanzas y Executive Master in Finance por IE Business School

Del mismo modo que respetamos a los abuelos por su sabiduría y experiencia, deberíamos respetar la experiencia adquirida en las crisis precedentes. Todo el mundo sabe, menos los que gobiernan hoy por hoy en la economía de Europa, que la única forma de salir de una crisis es inyectando liquidez al Sistema, mediante una política fiscal expansiva. Todo el mundo sabe, hasta el estanquero de la esquina, que el consumo es el motor de cualquier economía. Es que de hecho, nunca, nunca, se ha salido de ninguna crisis sin incentivar el consumo.

Sin embargo, aquí estamos, en el año 6 de la mayor crisis económico-financiera de la Historia, sobreviviendo, y lo peor de todo, sin visos de mejoría. Que sí, que sí. Que España was different, que teníamos la burbuja inmobiliaria y que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades – discurso oficial dixit –.

Pues miren, no. La burbuja inmobiliaria fue generalizada en todo el primer mundo.

Burbuja Estados Unidos

En Estados Unidos, el precio de la vivienda (y del suelo) se disparó, como pasó en España. Y ahí donde hay una burbuja, están los buitres financieros para hacer negocio. Buitres financieros que campaban a sus anchas, haciendo y deshaciendo a su antojo desde hace varios años, tras la fulminante derogación en 1999 de la Ley Glass-Steagall (o Banking Act norteamericana). Esta Ley era la única que ponía coto a la especulación salvaje, y cuando desapareció, los bancos comerciales pudieron apalancarse más y tomar más riesgos. Y ya sabemos cómo terminó la fiesta…

Ya teníamos el cocktail perfecto: burbuja inmobiliaria, desregulación financiera, intereses por los suelos e ingeniería financiera. El cocktail estaba bueno, buenísimo, pero nos ha dejado una resaca muy dolorosa.

Si bien Estados Unidos fue el germen de la crisis, también nos ha dado claves de cómo salir de ella. Dejó caer bancos (ninguno sistémico, aunque Lehman Brothers casi se carga el chiringuito) e impuso rápidamente políticas económicas expansivas, es decir, inyectó masivamente capital en el circuito económico e incentivó el consumo, para volver a imponer ciertas medidas regulatorias, aunque sin llegar a la situación anterior a 1999. Vaya, como aquí, ¿no?

Y sí. Ya lo decía “el abuelo” Keynes en 1936. El Estado debe actuar como regulador, e incentivar la demanda y el consumo, ya que sólo así, es posible salir de la crisis.

Como decía al principio, señores mandamases de Europa… Abandonen sus inventos austericidas, y hagan lo que siempre ha funcionado, por favor. Consumo, consumo y consumo.