Artículo escrito por Helena Niño

Noticia de última hora: “la polución ambiental provoca cáncer de pulmón y de vejiga”. Olé, olé y olé. Nos lo cuenta una atormentada voz en off mientras nos muestran Pekín bajo una densa nube tóxica. Cortinilla. Recortados contra un fondo “gris polvo en suspensión” ciudadanos chinos desarrollan sus tareas cotidianas detrás de unas inquietantes mascarillas tuneadas. A lo lejos, un gato de porcelana baja y sube el brazo, en señal de ayuda.

El CO2, nuestro eterno archienemigo, ataca de nuevo. Pantallazo en verde y letras gigantes en amarillo eléctrico que rasgan un “POWWWW!!” en nuestras retinas. Y esta temporada ha traído refuerzos. Mortal de espaldas del O3, voltereta lateral del NO2 y moonwalk del SO2. El público se vuelve loco.

Como los malos de una serie infantil sesentera sus ataques son lentos y de bajo impacto, pero el coctel fatal de insistencia e inoperancia por nuestra parte, han hecho que hoy por hoy, sean letales. Directo a la boca del estómago: “SSSPLAAASHHH”.

Los orígenes de estos villanos son de sobra conocidos y si bien es cierto que hay una parte que se genera de manera natural (respiración, descomposición de materia orgánica, volcanes, etc.) al final es la parte humana la que, como siempre, desequilibra la balanza (quema de combustible fósil, consumo de tabaco, uso de ciertos materiales de construcción, productos de limpieza y muebles del hogar, gases de automóviles y fábricas, edificios, casas, aerosoles, etc.) y es que como reflexionaba Tony Stark al principio de Iron Man 3 (y cuidado spoiler): “Nosotros creamos nuestros propios demonios”.

Y este empeño en seguir “erre que erre“ con actividades poco saludables, ha hecho que estos gases, otrora inofensivos, se hayan concentrado en la atmósfera hasta tal punto que han adquirido el discutible honor de aparecer en la galería de los horrores del cáncer: foto junto al tabaco, el asbesto, el polvo de sílice, la radiación U.V. y el plutonio.

Tenemos que esforzarnos en hacerle entender a este cerebro nuestro, que no sólo hay que cuidarse de lo visible y evidente, el peligro que nos acecha a la vuelta de la esquina en forma de piano de cola que pende de una misteriosa cuerda en la nada o de esa maceta errante que se empeña en mantenernos en jaque cada vez que salimos de casa. El enemigo al que nos enfrentamos hoy es el peor de todos, el enemigo invisible, el que nos ataca en la cola del cine, en un bar de tapas o incluso haciendo ejercicio. Y si no que se lo pregunten a nuestros vecinos londinenses, a los que su gobierno ha propuesto el uso de mascarillas para realizar actividades al aire libre, correr o montar en bici, para evitar que al aumentar la respiración inhalen más contaminantes.

Porque ya no es un problema exclusivo de lejanos y exóticos países asiáticos y latinos, sino que el 90% de los europeos ya respira niveles de contaminación dañinos para su salud. Parafraseando a Caroline, la pizpireta niña de Poltergeist: “Yaaa estááááááán aquíííííííí!!”

Si además tenemos en cuenta que la polución del aire es la principal causa medioambiental de muerte (10 veces mayor que por accidentes de tráfico) pues es para plantearse seguir las interesantes recomendaciones de nuestros amigos mejicanos de la web “planverde”:

• Afinar y dar mantenimiento a los automóviles
• Evitar la quema de basura y llantas, así como el uso de cohetes artificiales
• Evitar comprar artículos desechables y plásticos que no son biodegradables.
• Reciclar la basura
• No arrojar basura en la calle, bosques y parques, envolverla o taparla bien en la casa
• Usar racionalmente los plaguicidas
• Evitar el consumo de tabaco
• Cuidar los bosques, no provocar incendios ni destruir las zonas verdes de la ciudad
• Posponer las tareas de jardinería que requieran el uso de herramientas a gasolina en días de alto nivel de ozono
• Consume alimentos orgánicos o al menos aquellos no hayan sido sometidos a un uso tan intensivo de agroquímicos (puedes cultivarlos en tú azotea con composta hecha por ti mismo)
• Restringir la limpieza en seco
• Evita el uso de pinturas, aceites y solventes en días de alta concentración de ozono (información que puedes ver en la web del ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente)
• Reduce el consumo de electricidad, lo cual contribuirá a disminuir las emanaciones de contaminantes y partículas
• Prende el carbón de leña con un encendedor eléctrico en vez de hacerlo con combustible líquido.
• Aplica el poder de las 3 Erres: Reduce-Reutiliza-Recicla. Un menor consumo redundará en menor contaminación atmosférica de todo tipo

¡Intentemos poner todos un poquito de nuestra parte para que esas mascarillas no lleguen nunca a ponerse de moda en España!