Ayer se publicó la última Encuesta de Población Activa del mercado laboral español correspondiente al primer trimestre del año 2014.

En resumen, tanto el número de parados como el número de empleados disminuyeron, siendo esta circunstancia un tanto paradójica.

El valor de la tasa de desempleo también fue superior al del trimestre anterior – como consecuencia de una población activa menguante-, de modo que el casi ya famoso ”discurso de la recuperación” volvió a quedar en entredicho una vez más.

Cierto es, no obstante, que en términos interanuales las tendencias del número de empleados y parados aportados por la nueva EPA registraron unas trayectorias favorables para el advenimiento de un nuevo escenario laboral.

Es más que probable que en el próximo trimestre, e incluso el próximo mes, las cifras de paro registrado y afiliaciones a la Seguridad Social arrojen un escenario de recuperación laboral en el que tanto el empleo como el desempleo presenten un comportamiento definitivamente positivo.

Existen sin embargo todavía numerosas cuestiones, como el extraordinario nivel de paro juvenil o la desorbitada temporalidad que caracteriza el mercado laboral actual, que no parecen sino signos de carácter estructural difíciles de erradicar.

La discutible política de devaluación interna puesta en marcha mediante una progresiva contracción salarial a lo largo de los peores años de la crisis no se ha caracterizado precisamente como una medida de corrección rápida y eficaz;  al contrario, ha amontonado nuevos peligros – como el de la denominada deflación- en el tortuoso camino de la recuperación.

Frente a la necesidad vital de crear un marco estable de crecimiento económico bien definido, sigue existiendo la sensación de que no existe un modelo concreto y unas directrices que contengan el beneplácito de la sociedad.

Datos como el de la contracción crediticia experimentada en los primeros meses de 2014 continúan representando muestras de la gran contradicción que a día de hoy existe entre “discurso” y “realidad”.