¿Cuál es el problema de la deuda griega desde un enfoque de análisis económico puro? El siguiente: Grecia no genera ingresos suficientes. En otras palabras, la recaudación total de sus ingresos públicos asciende a unos 78.000 millones de euros anuales y su deuda pública se cifra en torno a 317.000 millones de euros. Con datos relativos al año 2014, esto significa que el ratio ingresos anuales/deuda pública en Grecia es inferior al 25%. Y se trata del ratio más bajo de todos los miembros de la Eurozona  (el decimocuarto más reducido a nivel mundial).

Lo normal en este punto sería preguntarse: ¿cuál es el nivel que debe dibujar dicho ratio para dar garantías de solvencia a los acreedores? ¿Un 50%? Pongamos una serie de ejemplos a modo de contraste. Alemania: 61%, España: 39%, Japón: 13%, Estados Unidos: 30%, Luxemburgo: 182%, Arabia Saudí: 2.964%. De modo que, vamos a decir lo que parece una obviedad, pero cuanto más alto es el ratio, mayor es la expectativa de devolución con la que cuenta el acreedor.

Mas nótese también que los ingresos públicos son generados para poder afrontar toda una serie de importantes gastos públicos: el pago de pensiones y prestaciones, el sostenimiento de servicios sanitarios, educativos, sociales… Es decir, que ni Grecia puede amortizar el conjunto de sus deudas en un plazo de 4 años, ni Alemania lo puede hacer en 1,6 años. Básicamente, porque exigir tales plazos implicaría la destrucción de sus respectivos estados del bienestar.

Resulta obvio concluir, por lo tanto, que no es tan sencillo desligar de un análisis puramente económico, consideraciones sobre el sostenimiento de cierto nivel de protección social. Aún así, cabe reseñar que el ingreso público per cápita de la economía alemana duplica el de la griega, lo que posibilita que el primer país esté pudiendo realizar un gasto público por persona al alcance de sus posibilidades, mientras que el segundo no. Pero claro, es que Alemania tiene una tasa de paro inferior al 5% y Grecia, por el contrario, de más del 26%. Lo que debe dar una idea de la dificultad para que cualquier gobierno ante semejante abismo laboral pueda alcanzar registros de superávit público. Pueda reducir el volumen de su deuda pública. Pueda no estar miserablemente forzado a tener que elegir entre saciar la sed del capital o intentar proteger su actual estado del bienestar.