Las últimas previsiones económicas del FMI mantienen el vaticinio de crecimiento para India en el año 2015; un 7,5%. Es más, la expansión de esta denominada “economía emergente” se mantendrá, en opinión de este organismo internacional, estabilizada en torno a un ritmo situado en la horquilla del  7% y 8% hasta, al menos, el año 2020.

Pero mientras estos augurios dibujan en los gráficos una velocidad de crecimiento económico “nada despreciable”, la trayectoria de su deuda pública describe, simultáneamente, un ascenso imparable, con tasas de expansión permanentemente superiores al 10%. Luego, ¿se está produciendo en su economía un proceso de verdadera emergencia e independencia?

La respuesta a esta pregunta la podríamos obtener al observar la evolución de los balances presupuestarios de su sector público. Porque de una economía mundial como la india, que desde los años 80 ha tenido de forma constante tasas de crecimiento positivas en términos de PIB -alcanzando valores del 10% en el año 2010, por ejemplo-, podría esperarse cualquier cosa menos que en todos y en cada uno de los últimos 30 años hubiera consignado sucesivos déficits públicos. Pero así es.

Mas fíjense en que si excluyéramos de su balance presupuestario todos los gastos ocasionados por el pago de intereses vinculado al reiterado crecimiento de su deuda pública, seguiríamos obteniendo idéntico resultado; déficit primario crónico; ingresos siempre insuficientes.

Seguramente muchos de ustedes no coincidirán en que la solución a esta dinámica absolutamente enrevesada pueda pasar por alcanzar en India tasas de crecimiento del PIB situadas en o por encima del 10% (únicos casos en los que se ha logrado revertir la negativa y continua progresión de sus distintos y sucesivos déficits anuales).

Pero lo cierto es que la imaginación nunca ha sido una virtud excesivamente común.