Javier Queipo – redactor en Bancomparador.com

El ciclo de vida de un producto es la evolución de las ventas de ese producto durante su permanencia en un mercado determinado. Dependiendo del producto y del sector la vida útil del mismo puede ser mayor o menor. Además también influyen otros factores como pueden ser las políticas de la administración en el ámbito donde se comercializa el producto.

Un producto desde que aparece en el mercado no mantiene siempre una misma tendencia de ventas. Se producen fluctuaciones que tienen que ver con la demanda pero también pueden influir otras cuestiones como las relativas a la legislación.

En lo relativo a la demanda, puede suceder, por ejemplo, que un producto pase de moda o que sea sustituido por otro nuevo que cubra las necesidades del primero. P.ej. pensemos en el mercado de los reproductores de música, ¿cuántos hemos conocido? Desde el walkman, pasando por el discman, luego el Mp3, Mp4, Ipod, e incluso el teléfono móvil como reproductor. Podemos decir que el discman, por ejemplo, tuvo un ciclo de vida bastante corto.

A este respecto en Economía existe una teoría que explica las etapas por las que pasa un producto con respecto a su producción y sus ventas, se conoce como la Teoría del ciclo de vida de un producto. Fue definida por el economista norteamericano Raymond Vernon que aseguraba que todo producto o servicio sufre una evolución en el mercado similar. Además identifica 4 etapas en esa evolución:

  1. Introducción
  2. Crecimiento
  3. Madurez
  4. Declive

Esta teoría describe esa evolución desde el lanzamiento del producto, hasta su definitivo declive y desaparición. Puede ocurrir sin embargo, que se trate de alargar el ciclo de vida de su producto mediante diferentes estrategias: el relanzamiento, la actualización, la prolongación de la fase de madurez o incluso mantener la comercialización del producto en esa etapa de declive aunque la demanda sea baja.

Etapa de introducción del producto

El producto se presenta como una novedad y su producción se limita al mercado donde surgió la idea, comercializándose en aquellos mercados similares al de origen, es decir, similar nivel de desarrollo y similares hábitos de consumo. Las ventas del producto empiezan a crecer.

Etapa de crecimiento del producto

La producción se traslada a otros países. Surgen copias del producto, incrementándose también la demanda del mismo. Su uso se extiende, por tanto, se convierte en casi una necesidad para los consumidores. Por ejemplo, en la década de los 80 muy pocos tenían teléfono móvil, no representaba una necesidad para la mayoría de la población. Sin embargo en los 90 empezó a extenderse su uso. Los cambios de hábitos y los cambios en la sociedad, unidos a unos precios más asequibles, convirtieron este producto en una necesidad, de hecho actualmente, todo el mundo tiene uno o incluso varios teléfonos móviles.

Etapa de madurez del producto

En esta etapa se produce un estancamiento en las ventas del producto. La voraz competencia consigue que sólo lo produzcan aquellas empresas que ajusten sus costes de producción y ofrezcan precios más competitivos.

Etapa de declive del producto

Es la etapa final en la que ya sólo se producirá en los países menos desarrollados. Baja la demanda de dicho producto o porque la necesidad ha sido cubierta por otro, o porque deja de ser tendencia. En ese momento, pueden ocurrir dos situaciones, o la desaparición del producto (ya no es rentable su comercialización por su escasa demanda), o la prolongación del ciclo de vida (se mejora el producto, se cambia su diseño, etc).

Podemos extrapolar esta teoría a lo que está sucediendo actualmente en la política española. ¿Los grandes partidos están en esa fase de declive? Un partido político no deja de ser un producto, con una imagen, unos valores y unas ofertas políticas. Además las campañas de marketing de estos partidos nada tienen que envidiar a las de cualquier gran marca. Que les votemos o no (que compremos su producto o no) depende de que su gestión sea la adecuada, de que su producto haya cumplido nuestras expectativas.

Estos viejos partidos funcionan todos de una misma forma que, como hemos comprobado, ha acabado siendo un problema, no sólo para ellos, sino también para la credibilidad del sistema político.

Ante esta situación la población demanda otro tipo de representantes, y por ello han surgido nuevos productos políticos, nuevos partidos, cuyo funcionamiento es distinto, más acorde a los tiempos. Ofrecen a los ciudadanos (consumidores) productos más novedosos y más atractivos que las viejas marcas políticas.

Por eso, muy probablemente, los partidos tradicionales para no desaparecer tendrán que evolucionar, es decir, deberán tratar de prolongar ese ciclo de vida de su producto, porque si no hacen nada, si nada cambia en el producto que ofrecen a los ciudadanos, puede que estemos ante el final de estas marcas políticas.

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