Resulta curioso pensar que el ser humano haya sido capaz de generar un nivel de desarrollo científico tal, que a partir del cálculo de la densidad del universo, por poner un ejemplo, hoy se puedan conocer los parámetros teóricos de masa por metro cúbico necesarios para frenar, e incluso invertir, la actual y momentánea expansión derivada del célebre y famoso Big Bang.

Sin embargo, genera la misma extrañeza y curiosidad, pensar que esa misma arrolladora y extraordinaria capacidad sea tan inversamente proporcional para enfrentarse a cuestiones más estrechamente relacionadas con la economía terrenal,  tales como la constante aceleración que, sin visos de solución, experimenta en España el paro juvenil.

Según informó a principios de semana Eurostat, el número total de desempleados menores de 25 años se situó en España alrededor de una cifra cercana al millón de personas (932.000), consiguiendo así la economía nacional liderar una vez más el ranking europeo mensual.

Proporcionalmente, más de una cuarta parte del conjunto de los jóvenes parados de la zona euro se ubicaron en España –concretamente, el 26,7%-, mientras que el segundo país con mayores cifras en términos absolutos –Francia, con 735.000– albergó el 20,7% del total, por delante de Italia y Alemania, cuyos 631.000 y 357.000 jóvenes parados, respectivamente, representaron el 17,8% y 10,1% de los más de 3,5 millones de desempleados que se registraron en total entre toda la UEM.

Evolución Paro Juvenil. España y Zona euro.

En términos relativos, la tasa española de desempleo juvenil ascendió, en febrero de 2013, hasta el 55,7%, constituyendo, a falta de los datos pendientes de confirmación sobre Grecia  (58,4% a finales de 2012), un nuevo registro demoledoramente “ganador” a anotar en el haber español.

En los últimos años, la tasa de paro juvenil en España se ha ido incrementando desconcertantemente hasta alcanzar el  registro del  55,7% anotado a principios de año. Lejos queda ya, aquel, ahora envidiable, 17,6% consignado antes de que la crisis financiera ejecutase su gran explosión.

Pero, de la misma manera que en el universo la materia visible y la materia oscura se relacionan en una determinada proporción, una tasa de desempleo en expansión implica necesariamente una tasa de ocupación en contracción.

Imaginar ahora mismo un panorama laboral global –no sólo parcial- en el que la amplia mayoría se encuentre atrapada en la inactividad, enfrentada con crudeza a la nada existencial, sería como manipular el parámetro crítico capaz de invertir el Big Bang para dar paso al denominado Big Crunch.

Claro que en ese punto nadie sabe lo que podría pasar.