La publicidad subliminal es uno de los conceptos más controvertidos del marketing, pues corresponde a una práctica orientada al envío de estímulos comerciales que el receptor asimila de una manera inconsciente, es decir, sin haber prestado su pleno consentimiento.

El impacto de los mensajes comerciales emitidos mediante esta modalidad publicitaria es, al contrario de lo que inicialmente pueda pensarse, poderosísimamente efectivo, ya que los estímulos así enviados avanzan hacia su destino sin encontrar la menor oposición consciente posible.

Al penetrar en los niveles más profundos del inconsciente, el mensaje subliminal “inocula” y por lo tanto “programa” la mente para la realización de una intervención influyente en las decisiones de compra futuras que llegarán a ser consideradas necesarias y coherentes.

De modo que la publicidad subliminal va más allá de la publicidad por emplazamiento, aquélla que de manera reiterada fue parodiada a lo largo de la película norteamericana “El Show de Truman” dirigida por Peter Weir y protagonizada por Jim Carrey.

Publicidad por Emplazamiento

Sin embargo, la realidad nos indica que las agencias de marketing tienden, con cierta frecuencia, a realizar campañas situadas en la zona limítrofe de la también denominada publicidad encubierta.

Por eso, en defensa de los derechos del consumidor y del telespectador existe un desarrollo normativo, no sabemos si lo suficientemente amplio o no, orientado a la regulación de la práctica publicitaria de este tipo de estímulos en el medio televisivo.

En España, series televisivas como Aída integran durante determinados momentos de la emisión avisos en una de las esquinas superiores indicando la inclusión de emplazamientos publicitarios.

A pesar de ello, resulta muy complicado detectar la marca anunciada incluso aumentando el nivel de concentración al máximo.

Publicidad Subliminal Aida

Podría constituir un ejemplo de este tipo de marketing aquellos estímulos introducidos durante las transiciones o “cortinillas” en las que aparecen una sucesión de imágenes con velocidad acelerada y entrecortada, como las que pueden puede verse a siete minutos y cuarenta segundos para la finalización de este capítulo y entre las que se aprecia a la conocida marca alemana de camiones y autobuses MAN, propiedad del grupo Volkswagen.

El impacto, casi imperceptible, queda alojado en el inconsciente del telespectador de una manera permanente y terriblemente eficaz.

¿Otros ejemplos de publicidad subliminal?