A pesar de su relativamente corta trayectoria, la producción académica e ideológica de Eduardo Garzón Espinosa (Logroño, 1988) alcanza en la actualidad un nivel nada despreciable tanto en el ámbito universitario como mediático (La Marea, El Diario, Andaluces Diario, etc). Autor también de un excepcional blog personal (“Saque de Esquina“), le entrevistamos en El Captor para conocer de primera mano la atractiva propuesta del “Trabajo Garantizado”, una medida planteada desde la formación política Izquierda Unida.

Eduardo, para empezar, ¿por qué el Trabajo Garantizado (TG)?

Porque vivimos en sociedades en las cuales hay mucha gente que quiere y puede trabajar, y al mismo tiempo hay mucho trabajo por realizar para que todos y todas vivamos mejor y mucho trabajo que ya se realiza pero que no es remunerado (fundamentalmente el trabajo de cuidados que se lleva a cabo en los hogares). Se trata de lograr que toda persona que quiera trabajar pueda hacerlo, al mismo tiempo que se satisfacen necesidades económicas, sociales, ecológicas y culturales.

Sin embargo, ¿qué explica, en tu opinión, que ante la prolongación en el tiempo de una cifra de paro tan elevada en España, existan voces contrarias hacia el TG, cuando el enfoque de esta propuesta es el de tratar de solucionar un desequilibrio social gravísimo?

Las críticas son muy diversas y proceden de personas con cosmovisiones muy diferentes. Aquellos que están muy apegados a la teoría económica convencional suelen señalar que los empleos públicos son ineficientes, costosos e inútiles. Entre aquellos que afortunadamente son más críticos y sí creen en las virtudes del empleo público las críticas suelen referirse a la dificultad de crear de forma adecuada tantos empleos públicos, a la imposibilidad de que haya tanto trabajo por realizar o remunerar en nuestras sociedades, a la dificultad de movilizar tantos recursos para financiar los puestos de trabajo, etc.

¿Se ha aplicado esta política con éxito en algún otro país o territorio con anterioridad?

Nunca de una forma universal (es decir, nunca un TG para todo el mundo), excepto en el caso de Suecia en los años 70, aunque no fue exactamente un TG. En Suecia se dieron cuenta de que tenían una economía y una industria muy potente, y que a pesar de eso no había tantos puestos de trabajo como para emplear a todas las personas que querían trabajar, de forma que decidieron crear directamente puestos de trabajo públicos en actividades de servicios educativos, sanitarios, etc. En Nueva Zelanda existe un TG enfocado a los más jóvenes. En una región de India para los trabajadores del campo durante seis meses al año. En Argentina existió para las cabezas de hogar sin ingresos y con hijos a su cargo. Otras experiencias las encontramos en Estados Unidos, Francia, Corea del Sur, Sudáfrica, etc.

Y en España, ¿cómo se aplicaría?, ¿podrías explicarnos la viabilidad de esta propuesta en términos económicos? Mejor dicho, ¿sería razonable aplicarla en términos de un análisis coste-beneficio?

Los vecinos y vecinas de cada localidad intervendrían en el diseño de los nuevos puestos de trabajo, ya sea a título individual o colectivo en torno a asociaciones de vecinos, organizaciones no gubernamentales, cooperativas, etc. Nadie mejor que ellos y ellas para identificar los trabajos que habría que llevar a cabo para mejorar las prestaciones económicas, sociales, ecológicas y culturales. Los resultados de todos los estudios realizados para estimar el coste neto de un TG universal no superan el 4% del PIB, que es una cantidad perfectamente asumible por cualquier economía (en España hemos empleado ya más del 6% del PIB en rescatar a la banca, y los técnicos de Hacienda nos dicen que cada año podríamos recaudar un 6,3% del PIB adicional si realizásemos una reforma fiscal progresiva). En términos de análisis coste-beneficio (incluyendo el beneficio social, ecológico y cultural y no sólo el económico) es evidente: mucho mejor tener a personas trabajando en actividades útiles y necesarias para nuestras localidades y ecosistemas que tenerlas inactivas.

Se sobreentiende que con una implementación integral de esta propuesta se podría solucionar, al menos de manera parcial, el problema del desempleo, pero, ¿por completo?, y, muy importante también, ¿en el corto plazo?

Por supuesto que sí. Ése es el objetivo del TG: el pleno empleo. Lo que ocurre es que en una economía como la española, que tiene un problema de desempleo grave y estructural, no basta sólo con aplicar esta medida, sino que también es necesario realizar una transición del modelo productivo y energético para generar empleo también en el sector privado y de calidad, así como fortalecer y ampliar las plantillas de empleados públicos convencionales (educadores, sanitarios, jueces, etc). El TG viene a emplear a todas aquellas personas que se quedan fuera a pesar de las reformas mencionadas. Por eso no es posible llegar al pleno empleo a corto plazo, al menos no en una economía como la española. De todas formas, en muy poco tiempo sí se puede avanzar bastante en la lucha contra el desempleo. Por ejemplo, en nuestra propuesta contamos con la generación de 1 millón de puestos de TG en tan sólo un año.

Por cierto, ¿el trabajo garantizado sería compatible con una jornada legal del trabajo de 35 horas semanales como han propuesto otras formaciones?

Perfectamente. De hecho en nuestra propuesta recogemos la jornada de 35 horas semanales. Una medida que, por cierto, lleva muchos años defendiendo Izquierda Unida.

Hablando del papel que el sector público desempeña en las economías modernas de carácter mixto, ¿qué opinas del acentuado liberalismo que propugnan algunas figuras políticas tan reconocibles como Esperanza Aguirre en España?

Su acentuado liberalismo es el resultado conjunto de una ceguera que cree que lo público funciona mal, y el deseo de deteriorarlo o aniquilarlo para reducir o eliminar la competencia del ámbito privado (lo vemos claramente en sanidad, en pensiones y en educación).

Y, ¿qué sensaciones te provoca el meteórico ascenso de la formación política “Ciudadanos”? ¿Estás de acuerdo con alguna de sus propuestas? ¿Con cuáles no?

Como no ha ocurrido nada palpable ni reseñable que explique su ascenso meteórico (algo que con Podemos sí ocurrió con su sorpresa en las elecciones europeas) parece plausible pensar que hay intereses económicos y mediáticos financiando y apoyando a esta formación con el objetivo de contrarrestar el empuje de Podemos. Es difícil estar de acuerdo con sus propuestas porque se trata de un partido de derechas en el espectro ideológico. Así se desprende claramente del contrato único, su apoyo al TTIP (Acuerdo Transatlántico de Comercio e inversiones), su aumento del IVA superreducido y la retirada de cobertura sanitaria a los inmigrantes, entre otras cosas. De todas formas obviamente no todas sus propuestas son malas; tres ejemplos son la paralización de las inversiones en AVE, el fortalecimiento de la innovación, investigación y desarrollo, y la ayuda a pequeños empresarios y autónomos, medidas que llevamos tiempo proponiendo desde Izquierda Unida.

En el contexto europeo, y cuando han transcurrido unos meses ya desde el cambio de gobierno en Grecia,  ¿crees que el futuro va a ser menos oscuro en dicho país con la nueva formación que lo dirige?

Sí, va a ser menos oscuro porque el gobierno de Syriza no va a aplicar políticas de austeridad y porque ha implementado ya políticas de rescate a la ciudadanía, como la paralización de desahucios y el aumento del Salario Mínimo. El problema es, en todo caso, la fuerte oposición que está llevando a cabo la troika, que impide al gobierno electo poder aplicar las medidas que se propone, a pesar de que son perfectamente factibles.

Para terminar, Eduardo, y aprovechando que eres parte de uno de los segmentos de la población española que más dificultades atraviesa, ¿qué autocrítica crees que podrían realizar  los jóvenes en torno de sí mismos?

Los problemas no se arreglan solos. La crisis no es una situación pasajera que se irá como si fuese una tormenta. Se irá cuando la echemos. Por eso nosotros, jóvenes y no tan jóvenes, debemos organizarnos para luchar por nuestros derechos, para lograr una economía al servicio de la gente, y no al revés. Tenemos la necesidad y obligación moral de arremangarnos y combatir desde cada una de nuestras posiciones las injusticias que atentan contra nosotros y el resto de colectivos. En la historia nada se ha conseguido permaneciendo de brazos cruzados.