“Disparen a los rehenes. Todo lo que pido no lo quiero tener”. Esta surrealista metáfora resumiría a la perfección la respuesta que el Partido Popular estaría dando a la trama de financiación ilegal que días atrás destapó un masivo medio de comunicación nacional.

Sin presentar más diana que la del ex tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, a cuyo nombre existía una cuenta bancaria en Suiza con 22 millones de euros, la figura desempeñada por este ex alto cargo interno del actual partido del gobierno central no habría sido más que la de un simple administrador de dinero B, al que con frecuencia acudían unos anónimos compañeros de juergas y corrupción con el entusiasmo de quien quiere recibir una especie de nueva y extraña comunión.

¿Quiénes eran los altos cargos que participaban en estos turbios asuntos de defraudación? No se sabe, no lo contestan, no les consta.

Eso sí, mucho “mire usted”, mucho ánimo soliviantado e indignación en el Partido Popular, mucho fin de semana para reflexionar y mucha, también, cómo no, oposición representando el papel de amante desolada, presa de la consternación.

En el contexto de la realidad, ninguna voluntad e intención de atajar con contundencia la desastrosa percepción de corrupción y anomalía del funcionamiento institucional, algo que como muy bien apuntaba el señor ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, paraliza y bloquea cualquier plan de inversión extranjera dentro del territorio nacional.

Paradójicamente, y a pesar de todos estos fuegos de artificio, quien nuevamente vuelve a perder es la sociedad, con la que una clase política acomodada en el propio hedor de su corrupción se entretiene y juega tal y como lo hacen los niños cuando aparece un animalillo malherido a su alrededor.

Pero no lo hacen para cargar hasta el final contra todo lo que hay que limpiar, sino para ofrecer a esta ruinosa y engañadiza sociedad un grandioso e inmaculado filete de caballo, que es mucho más sano que el de vaca o ternera y siempre ofrece mejores resultados en los barómetros mensuales del CIS.

Una ley de la física nos dice, sin embargo, que cuando se pisa tanto el acelerador mientras el freno de mano bloquea al mismo tiempo la aceleración, una tensión de muy difícil gestión hace acto de aparición.