La cultura del esfuerzo es uno de los pilares conceptuales de la economía neoliberal. En síntesis, viene a querer decir que toda dedicación, sacrificio y perseverancia obtiene justas y merecidas recompensas. Pero esta descripción teórica de la secuencia no se observa con tanta frecuencia en la práctica, por lo que resulta necesario matizar el carácter, en cierto modo fraudulento, de este concepto.

La dialéctica esfuerzo-recompensa no está en entredicho. La motivación es el impulso que el ser humano necesita para progresar o autorrealizarse, y podríamos decir también incluso lucrarse, por hablar en el mismo lenguaje del capitalismo. Lo que sucede con la actual cultura del esfuerzo defendida por el sistema capitalista es, no obstante, que la obtención de la promesa nunca llega a concretarse más allá de probabilidades similares reservadas a los juegos de azar. El neoliberalismo vende una concreción estadística de la cultura del esfuerzo absolutista. Pero al igual que sucede con los juegos de azar, tan solo una reducidísima proporción de los jugadores consigue el premio final.

El engaño de la cultura del esfuerzo reside en la mentira y la complicidad sin la cual la velocidad de acumulación desproporcionada de la riqueza mundial sería imposible. Si todo esfuerzo obtuviera su recompensa, ¿cómo sería posible la existencia de tanta desigualdad en el mundo? ¿Es que en la mayoría de los países africanos no se estaría esforzando nadie, ni siquiera para obtener su recompensa? ¿Es que en el mercado laboral occidental habría personas que se estarían esforzando 15.000 veces por encima de otras, justificándose así su anormal superioridad salarial?

Paradójicamente, son aquellos que disfrutan de la opulencia y las posiciones más privilegiadas de la sociedad los que con más vehemencia defienden la falsa cultura del esfuerzo. Su mantra favorito consiste en asociar el “buen” o “mal” funcionamiento de la economía exclusivamente al primer axioma del concepto, dejando en una inconcreción futura la segunda parte del mismo; de concretarla y garantizarla en el presente perderían inmediatamente su posición de privilegio. La lógica en la que se fundamenta la cultura del esfuerzo se basa en el incumplimiento exponencial de la secuencia del concepto, en el fraude y la negación de la recompensa tras haber realizado el esfuerzo. Solo mediante esta apropiación injusta, desproporcionada e indebida del esfuerzo de tantísimos es como una siniestra minoría de ciudadanos consigue perpetuarse a los mandos del actual sistema neoliberal.