Que la corrupción es de vergüenza en el (anti) democrático régimen de España ya lo sabíamos. Que la economía es el otro flanco agujereado del buque España que naufraga, también. Y aún así el conocimiento de estas dos hiperrealidades resulta indiferente durante la eternidad de los años. (De lo contrario hace tiempo que no desayunaríamos ni una sola de las catastróficas crónicas del día).

Pero vayamos otra vez con algunos datos económicos para desoxigenar levemente la mente de las turbulencias mediáticas. Y recordemos que no, que la situación económica de España no es un cúmulo de virtudes irrefrenables -en modo alguno-, sino un permanente y obsceno fraude alimentado, ahora, por un gobierno -Partido Popular- que solo se supera a sí mismo en el perfeccionamiento tecnológico de un ingrediente que, por muy aislado que se encuentre en el paladar, tan solo consigue saber a “organización criminal”.

Recuperemos pues esos extraños datos que ya nos deja la gestión de la economía realizada en los últimos años por el Partido Popular desde que llegara al ejecutivo en 2011. ¿Con cuántos ocupados cerró España en media el año 2016 en términos de puestos equivalentes a jornada completa? Respuesta: 17,4 millones. ¿Tasa de paro según el INE? 19,6%.

Volvamos al año 2011: ¿ocupados?: 17,6 millones. ¿Y en 2010? 18,1. Luego: ¿cuántos puestos de trabajo ha conseguido recuperar el PP con respecto al panorama laboral previo a su llegada al Gobierno? Respuesta: cero. Dicho de otra manera: ha seguido destruyendo empleo, lo cual, dicho a su vez de otra manera, es lo mismo que no crear ni un solo empleo. Entonces, la última pregunta es; ¿cuál era la tasa de paro en 2010, con 18,1 millones de personas ocupadas? Respuesta: 19,86%. ¿Cómo? ¿¡Superior a la tasa de paro actual -19,6%-, aun cuando había cerca de 800.000 personas más trabajando en puestos equivalentes a jornada completa?!

Compañeros y compañeras. No consintamos que una antiestética tasa de paro superior al 20% estropee un buen telediario de Antena 3. Que nada ni nadie ose quebrar el elegante tono de voz con el que Matías Prats celebra el buen tiempo que hará en el próximo festival de San Sebastián.

Ahora en serio, ¿cuándo demonios os vais -de una vez por todas- a enterar?