Como bien es sabido, la semana pasada el Eurogrupo tomó la determinación de rescatar a la economía chipriota para “garantizar la estabilidad de su sector financiero” y “acometer reformas estructurales de carácter fiscal”.

El rescate de Chipre planeado por Europa contempló, como novedad, la “aportación” de una cuantía de 5.800 millones de euros (sobre una cifra de 17.000 millones de inyección total), detraída de la aplicación de tasas, quitas, impuestos o gravámenes –según se quiera expresar- a los depósitos chipriotas que cumpliesen los requisitos estipulados por la “troika” (CE, BCE y FMI), bien fuese su titularidad correspondiente a residentes de la Eurozona o no.

Este último matiz, muy poco relevante en otras economías de la Eurozona, ha adquirido en este caso, sin embargo, una gran importancia de carácter mediático, tras conocerse que de los más de 68.000 millones de euros depositados en el sistema bancario chipriota a principios de 2013, una nada despreciable cuantía del 30% es de titularidad externa a la zona euro –rusa, en su gran mayoría-, lo que efectivamente indica que Chipre estaría funcionando en la práctica como un paraíso fiscal (en España, por poner un ejemplo comparativo, el porcentaje que suponen las cantidades depositadas por residentes externos a la zona euro apenas supera el 3%).

Ahondando en esta línea, los depósitos que los residentes de la zona euro poseen en Chipre representan el 271% de la producción del país, tal y como se puede observar en el gráfico inicial y según datos de Eurostat.  Esto significa que el valor de estos depósitos es casi tres veces el valor de su producción nacional e incluso casi cuatro veces si se tienen en cuenta también las sumas de los depositantes de cualquier tipo de nacionalidad.

Da la casualidad, por otro lado, de que los tres países de la Eurozona donde con mayor intensidad se refleja esta particularidad -es decir, Luxemburgo, cuyos  depósitos son casi 5 veces el valor de su producción, Chipre (2,7) y Malta (1,7)- son aquéllos países de la zona euro con una menor población.

Según cifras de 2012, ninguno de estos tres países superaría el millón de habitantes, singularidad que, entre otros factores, caracteriza el concepto de  «paraíso fiscal».

Valor Depósitos porPersona. Zona Euro. 2012

Si se ponen en relación, precisamente, los valores de los depósitos de cada país de la zona euro junto con sus cifras totales de población, las cifras luxemburguesas vuelven a destacar con más fuerza y espectacularidad.

El valor medio del depósito por habitante alcanza en Luxemburgo los 407.752 euros, un valor 12 veces superior al de la media de la zona euro (32.849 euros) y hasta 55 veces mayor que el arrojado por Estonia, cuyos 7.462 euros constituyen el importe medio menor de la Eurozona.

No es preciso acometer un profundo análisis para llegar a la conclusión de que tras esta absoluta falta de homogeneidad existen y han existido en la zona euro turbulencias de carácter político, económico y fiscal, claramente observables a partir de desigualdades tan sorprendentes como que, efectivamente, en Luxemburgo -un país con medio millón de habitantes,- el valor del conjunto de sus depósitos es superior al que existe en Portugal (214.010 millones de euros, frente a 210.733), ¡con diez millones menos de habitantes de población!

Sea cual sea, finalmente, la línea que la economía de Chipre haya podido traspasar –véase, un tamaño de su banca próximo a un valor de 3 ó 4 veces el importe de su PIB, dos años seguidos de decrecimiento económico, una deuda pública de más del 87% del PIB, etc…- la población chipriota se encuentra enfrentada en la actualidad a un rescate que, pretendiendo ser financiado en una tercera parte con las “quitas” de las cuentas bancarias de su sociedad, se elevará hasta el mismísimo 100% de su producción.

Esto ha generado inquietud, como es normal, a España, Italia o Portugal, pero, y a la vista, sobre todo, de lo analizado con anterioridad, ¿no debería esto a Luxemburgo también preocupar?