Suena ya a canción pasada de moda aquélla en la que podía escucharse que el sistema bancario español constituía, en plena crisis financiera, uno de los más destacados modelos a nivel mundial sobre cómo debía funcionar y regularse un sector financiero solvente y eficiente.

Esa canción tan dulce y melodiosa sonaba en medio mundo con insistencia al tiempo que en Norteamérica, además de clasificar a las entidades financieras en “buenas” y “malas” (como sólo a ellos les gusta) se diseñaban también planes de inyección de dinero público en los bancos de Estados Unidos considerados “demasiado grandes para caer”.

En España, transcurridos cinco años desde la crisis, algunas canciones han dejado, obviamente, de estar a la moda, pero sin embargo otras aún continúan sonando con mucha frecuencia e insistencia.

Es el caso de los beneficios del Banco Santander y BBVA, que en el último ejercicio anual cerrado se han situado por encima de los 5.000 y 4.000 millones de euros después de impuestos, respectivamente.

Beneficios BBVA. Años 2006- 2011

Tal vez fuese que lo escuchásemos con un poco de distorsión (todo es posible), pero los beneficios de los bancos españoles en el periodo crítico 2007-2011 rozaron los 100.000 millones de euros.

Según se deriva de los importes que aparecen en las dos gráficas mostradas, más del 60% de los resultados del sector de las entidades de crédito españolas correspondieron al Banco Santander y al Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, es decir, más de la mitad.

De modo que lo último de lo último que va sonando por ahí es que estos dos grandes “bancos buenos” comenzaron, por suerte, inteligencia o previsión, un proceso de internalización que les permitió diversificar riesgos a tiempo.

Claro, que al resto no le dio tiempo y quedó atrapado en los activos tóxicos del ladrillo.

Y hasta aquí, ésa es la última canción del verano que se ha oído…

¿Un poco pasada de moda, no?