Situémonos en un futuro hipotético y pensemos que tras una novena guerra mundial el número de víctimas mortales hubiese ascendido a más de doscientos millones de personas. ¿Consideraría usted dicho resultado un éxito si acaso hubiese significado el menor registro de víctimas mortales de las cuatro o cinco últimas guerras mundiales?

Viene esta pregunta a colación de las recientes cifras del paro registrado publicadas en España, según las cuales en enero de 2015 hubo cerca de 78.000 nuevos parados, un hecho que intentó ser camuflado por el propio Ministerio de Empleo como el “menor incremento del desempleo registrado en un mes de enero desde el año 2007”.

Incluso medios de comunicación como El País, en su momento considerados referentes absolutos del periodismo, argumentaron en sus editoriales de opinión que la realidad incontestable del lamentable aumento del paro (77.980 personas más) “esconde una tendencia menos negativa de lo que aparenta”, ya que en términos desestacionalizados tan solo “aumentaría en 12.000”. (Nota, ¿el objetivo es hacer que el paro aumente lo mínimo posible, o, por el contrario, hacer todo lo que sea necesario por erradicarlo?)

Más allá de esta argumentación, la propia editorial del diario El País ofrecía finalmente como conclusión que si “la recesión no alcanza aún a amplios sectores vulnerables es en parte por la propia tardanza lógica del contagio positivo de la mejor coyuntura a todos los rincones”.

Dense cuenta bien: ¿»rincones”?, ¿por ejemplo de cuatro millones y medio de parados registrados (a sumarle otro millón que ni siquiera se registra)?, ¿»tardanza lógica»?, ¿por ejemplo del tripe o cuádruple de años, todavía no podemos saberlo, que otros países han necesitado?

Vayan teniendo en cuenta de ahora en adelante estos aparentemente inofensivos ejemplos de subliminal -y muy grave- manipulación.